Tengo que tener fiebre. Siento que mi cuerpo arde, estoy mareada, mi mente fuera de mi cabeza y mi alma desfasada. Tiene que ser fiebre. Tuve fiebre las suficientes veces en la vida como para saber ya cuándo es. ¿No?
Digo, tiene que serlo. Mis brazos se sienten como hojas de papel y mis piernas se quiebran porque siento cosquillas en la parte de atrás de mis rodillas, y mis ojos se cierran cuando quieren, no cuando yo les digo. Mi corazón palpita más fuerte y siento cada centímetro de mi cuerpo como si cada parte de mí fuese yo misma. Tiene que ser que estoy enferma.
El tema es que esta fiebre no parece irse. No se va cuando estoy sola. No se va después de muchas horas de sueño. No se va con el viento. No se va con una ducha fría. Se queda. Se queda para calentar mis noches y llenar de calor todo: mi cama, mi ropa.
Tiene que ser fiebre. Tengo que estar enferma.
Pero no puedo llevar tanto tiempo enferma. Capaz es algo más lo que siento. Capaz es...
No, no puede ser.
¿No?
Es fiebre...
Esto empezó como el viaje de una chica de unos veintitantos intentando dejar de fumar. Ahora es como un diario íntimo. Esperen incoherencia, ira, frustración, cosas lindas y capaz que un par de cosas sexuales. Lean a su riesgo.
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viernes, 29 de marzo de 2013
miércoles, 20 de marzo de 2013
Vomito verbal ¿IV?
Miro el reloj y pienso en cómo todavía no llegaste. Impaciente, empiezo a contar las palabras que quiero escribir en tu espalda con mis uñas y a escribir las que quiero poder decir. Me miro al espejo y asimilo la paranoia y la mezclo con los nervios y siento la masa revolotear en mi estómago con el mover de las alas de las mariposas que aparentemente en algún momento ingerí. Repaso en tus sonrisas cuándo fue que caí en la tentación de tus promesas y abrí los ojos para ver que mis paredes ya no eran tan mías, y mi cuerpo tenía tu firma, y mis labios comenzaron a extrañar tu piel. ¿Cuándo fue que llegaste y sacudiste mi mente de tan fácil manera como tus manos sacudieron los dados sobre la mesa mojada de un bar que te mantenía lejos mío, pero más cerca de lo que muchos habían logrado llegar?
Miro el celular y e intento convencerme de que el tiempo no es más que una construcción social y que mi mente se equivoca al decirme que el espacio que nos separa en este momento no existe porque te siento tan cerca como la última vez que te vi y te abrí para irte la misma puerta que hoy te quiero ver cruzar. Pienso en cómo esto te va a asustar: casi tanto -o más- como a mí mientras pienso en qué palabra le sigue a esta y a esta y a esta y en cómo te quiero saludar sin palabras cuando te vea, aunque estas sean verdades que ya los dos sabemos.
Pasan horas en cuestión de minutos porque mi cabeza va a setecientas revoluciones por nanosegundo pensando en que tengo miedo, y que el miedo no importa, pero que el miedo está ahí para recordarme que estoy viva y que esto es lo que quiero porque precisamente el miedo me impide olvidar que esto es un riesgo que quiero correr.
Miro el reloj. Todavía no llegaste. Probablemente cuando vuelva a leer esto ya te hayas ido. Y todo esto va a seguir pasando.
Increíble.
Miro el celular y e intento convencerme de que el tiempo no es más que una construcción social y que mi mente se equivoca al decirme que el espacio que nos separa en este momento no existe porque te siento tan cerca como la última vez que te vi y te abrí para irte la misma puerta que hoy te quiero ver cruzar. Pienso en cómo esto te va a asustar: casi tanto -o más- como a mí mientras pienso en qué palabra le sigue a esta y a esta y a esta y en cómo te quiero saludar sin palabras cuando te vea, aunque estas sean verdades que ya los dos sabemos.
Pasan horas en cuestión de minutos porque mi cabeza va a setecientas revoluciones por nanosegundo pensando en que tengo miedo, y que el miedo no importa, pero que el miedo está ahí para recordarme que estoy viva y que esto es lo que quiero porque precisamente el miedo me impide olvidar que esto es un riesgo que quiero correr.
Miro el reloj. Todavía no llegaste. Probablemente cuando vuelva a leer esto ya te hayas ido. Y todo esto va a seguir pasando.
Increíble.
lunes, 18 de marzo de 2013
En una mariposa.
- Siento que ya ni te conozco.
Una vez sola, se observó en el espejo. Todo seguía igual. Su pelo igual de colorado; las mismas ojeras bajo sus ojos por la falta de sueño; las mismas letras escritas en su piel; sus heridas cada una todavía en el mismo lugar. No notaba nada raro. Sabía que había empezado a maquillarse de manera diferente, y que su ropa no era del mismo estilo que cuando se habían conocido, pero por el tono de su voz, sabía que no era eso a lo que él se refería. Todavía escuchaba la misma música, miraba las mismas series y hablaba de los mismos temas con la misma pasión que siempre (Han Solo no disparó primero. Los midiclorianos son una gran broma. Marte está en el top five de lugares a visitar. Calipso es el satélite más genial.). Se quitó la ropa frente a su reflejo y examinó su cuerpo en busca de algo nuevo. Sus lunares seguían ahí. Nada había cambiado. Miró detenidamente su misma mirada y lo vio.
- Hay algo nuevo. Algo que quizás no vi antes o que no estaba.
viernes, 15 de marzo de 2013
Rendirse.
Dejaste de escribir. Quizás te hayas dado cuenta que tus palabras no eran herramientas, sino armas. Cada punto una cuchilla afilada. Cada mayúscula una bala disparada que viajaba por la magia de la red, buscando su próxima víctima. Puedo oler tu miedo en el silencio que nos separa. Querés control y las letras se te iban de las manos, mezclándose con el agua de tus lágrimas y borrando los colores de tus fotos. ¿Qué puede ser peor para un escritor que aquel momento en que nuestras palabras dejan de sacudir vidas ajenas, y funcionan como torbellinos que nos agarran a nosotros mismos de los pies y nos arrastran a ver lo que nosotros quisimos construir entre párrafos arreglados en capítulos y epílogos, pero logramos destruir intentando forzar un desenlace que nunca deberíamos de haber intentado crear? Siento tu corazón latir en las mil palabras que callás. Quizás porque cuando uno escribe, no sólo lo hace con tildes y semántica y sintaxis: lo hace con su aliento y su mirada; con cada centímetro de fuerza que nosotros creemos que nos falta. Veo tu vulnerabilidad aunque vos te esfuerces tanto en disfrazarla.
jueves, 7 de marzo de 2013
Hagamos de cuenta que no: pensando en voz alta.
Me gustaría perderme en los rincones de tu clavícula con el silencio de la noche y de la mañana como banda sonora de nuestra aventura. Me gustaría detener el tiempo y alargar el momento para sentir el fuego consumir mi cuerpo. Me perdería por horas en tu neurosis y pasearía por las vueltas que dan las ideas en tu cabeza. La vida es un misterio y vos te estableciste como uno de mis rompecabezas preferidos.
estoy demasiado dormida como para seguirla. la próxima.
estoy demasiado dormida como para seguirla. la próxima.
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