Recién mi mamá sopló el humo en mi dirección. No sé si se imaginará lo mucho que me hizo temblar. Debo admitir que ni bien vi que en su mano tenía un cigarrillo, mi mente se dividió en dos. Parte de mí quería que soplara en mi cara para respirar el humo y saborearlo, pero parte de mí entró a literalmente temblar de miedo.
Realmente les digo, muchachos: no empiecen a fumar. Háganse un favor y dejen antes de empezar.
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